Esos datos, así vistos, e interpretados superficialmente, nos podría indicar
que el Sistema de Educación Superior Público o Estatal, se encuentra
estancado en relación con las universidades privadas y por tanto, estancado
también en cobertura de ingreso, como pareciera derivarse de las
estadísticas. Que la Universidad privada ha venido ganando terreno es un
hecho evidente.
Cuenta hoy con 50 universidades o centros de formación, con
un sistema de acreditación propio, con una estructura tipo Conare, solo que
para instituciones privadas y con un importante marketing para promocionar
sus carreras. Hay hasta una buena cantidad de académicos pensionados de las
universidades públicas que dirigen hoy esas universidades y que las
defienden
como instituciones de excelencia.
Sin duda esto se inscribe dentro del
concepto amplio de libre competencia, de libre comercio y de otras
filosofías
que incluyen el conocimiento, la formación profesional y la formación
académica, incluyendo la educación continua, como una mercancia más dentro
del juego de la oferta y la demanda. Esta es una tendencia que ha penetrado
profundamente en nuestro país y en muchos empresarios del conocimiento o de
la certificación.
Se corre un gran peligro, sin embargo, si los Rectores de CONARE no aclaran
y
requeteaclaran, que el indicador "egresados" es solo uno, entre muchos
otros, que deben manejarse a la hora comparar a la universidad pública y a
la
privada. Y estos otros indicadores son los que marcan una radical distancia
entre una y otra. La universidad privada, con algunas excepciones, es una
institución creada para vender formación a la medida, con carreras cortas,
sin mucho valor agregado, que se adecuan a los horarios de los estudiantes
porque no cuentan con grandes inversiones en infraestructura, en cualquier
lado se dan clases y a cualquier hora, y con profesores no siempre idóneos.
En el caso de las universidades privadas con alguna tradición seria, los
costos de estudio son muy altos y no están pensados dentro de un concepto de
vocación social.
La formación es una mercancía que se vende como cualquiera
otra y la paga el que puede.De tal modo que debe problematizarse la información que se presenta en la
prensa tan inocentemente. Sería importante, si se quiere comparar
seriamente,
conocer el comportamiento de otros indicadores en las universidades
privadas.
Por ejemplo, porcentaje de productos de investigación, número de
investigadores, número de artículos púbicados, número de estudiantes
becados,
número de libros publicados, grados superiores de los académicos,
experiencia
académica y profesional, infraestructura, tecnologías, campus
universitarios,
bibliotecas, tipo de carreras, laboratorios,servicios estudiantiles, y un
largo etcétera. Si en estos indicadores las universidades privadas rebasan a
las públicas, entonces sí, podemos hablar de un estancamiento de la
universidad pública. Y lo mejor es, entonces, privatizar la formación
universitaria superior. Pero estoy seguro que eso no es así.
Que la
universidad pública es la que ofrece mayor calidad, al menos en cuanto a las
condicones generales de estudio y la que cuenta con fortalezas crecientes en
otro tipo de indicadores. Que la universidad pública, a diferencia de la
universidad privada, dedica porcentajes significativos a la atención
estudiantil y en particular a ofrecer becas a sus estudiantes.
En la
universidad pública, por lo menos hasta ahora, los estudios son en casi su
totalidad subsidiados y es así por el concepto intrínseco de la universidad
pública como bien social. Eso es lo que ha permitido que muchos jóvenes, hoy
excelentes profesionales, hayan podido formarse sin haber tenido que pagar
lo
que paga hoy un estudiante en una universidad privada de las que pueden
llamarse serias.
En el momento en que las universidades públicas empiecen a cobrar como en la
universidad privada, que empiecen a vender los cursos, a suprimir las becas,
a dejar de comprar libros, a vender educación continua, a vender carreras
completas, se empecerán a parecer más y más a esas universidades privadas
que
florecieron al amparo de quienes vieron un gran negocio en su expansión; un
gran negocio y no otra cosa. Jamás un proyecto social orientado hacia los
sectores menos favorecidos. Eso no importa en ese mundo del comercio y la
mercadotecnia.
Para concluir, quiero señalar que sigue ciertamente pendiente el tema de la
cobertura de la universidad pública. Si se debe o se puede ampliar el número
de estudiantes de nuevo ingreso. Esto es delicado pero muy importante. En
principio sería un grave error priorizar la oferta docente en detrimento de
investigación y extensión, y priorizar la cantidad sobre la formación en
profundidad.
Pero podría haber mecanismos para ampliar la cobertura y la
oferta docente tradicional. Por ejemplo, asumir el proyecto
interinstituional
de Alajuela, el de CONARE, para abrir las puertas a unos dos mil o tres mil
estudiantes más de todo el país en carreras estratégicas. Y en vez de crear
la Universidad Técnica de Alajuela, que es un proyecto más político que
académico, destinar esos fondos a la ampliación de la cobertura de ingreso
del Sistema de Educación Superior Pública. Eso si tiene sentido.
Crear
nuevas
carreras en zonas alejadas de las Sedes centrales, etc. Esa es la discusión
que debemos dar y no caer en la trampa de que la Universidad Pública no
satisface la demanda de estudios superiores y por tanto hay que privatizarla
o lo que sea.
Gerardo Morales