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La universidad del siglo XXI

El objetivo fundamental de la Universidad moderna es la formación de los recursos humanos de calidad para un país y una región; formar profesionales capaces de enfrentar los retos crecientes que cada día genera la esfera científico – técnica, social, económica y cultural de una nación.

Modernidad es globalización, tecnología, eficiencia, emprendimiento y alta competencia.

La calidad profesional está íntimamente ligada a la capacidad del egresado de dar solución a problemas diversos con eficacia y competencia.

Dar soluciones con eficacia significa reconocer que las condicionantes políticas, económicas, sociales y el impacto de las mismas en el ambiente son parte del problema tanto de como lo pueden ser la ciencia y la técnica.

La competencia para satisfacer necesidades humanas implica tener en cuenta todas las particularidades, especialmente las funcionales, ecológicas y económicas.

Para lograr este propósito se deben formar en el futuro profesional una serie de habilidades que con cierto grado de variación e introducción de condicionales, se puedan adecuar para resolver una gama de problemas profesionales comunes a las diferentes esferas de actuación del mismo.

El profesional tiene que contar, además de su sólida fundamentación conceptual, con habilidades generalizadas que pueda explotar haciendo uso de métodos para identificar las necesidades, valorarlas, llegar a soluciones funcionales y económicas para los problemas existentes que pueden caracterizarse por presentar imprevistos, soluciones múltiples o poseer información imprecisa e incompleta.

La estrategia pedagógica de la Universidad del Siglo XXI para alcanzar tan importante propósito debe estar elaborada sobre la concepción de estimular las habilidades básicas de un estudiante universitario, como son: su capacidad de trabajo, habilidades de dirección, desarrollo del pensamiento lógico y divergente, capacidad de expresión oral y escrita, fundamentación matemática y el manejo de información científico técnica, pero el énfasis se hará en las habilidades generales que tributen a la formación de los modos de actuación profesional.

El desarrollo de todas esas habilidades para fundamentar la adquisición de conocimientos es lo que se conoce como el ciclo de los saberes: Saber Hacer – Saber Ser – Saber Tener.

El desarrollo curricular para alcanzar estos fines debe basarse en asignaturas que tengan planificadas la realización de prácticas laborales para la adquisición de habilidades práctico-profesionales, en donde se orienten las acciones que realizará el estudiante para adquirir las mismas y como se integrarán a las habilidades de las restantes asignaturas de cada semestre de su carrera.

La realización de una práctica laboral eficiente tiene una gran importancia si tomamos en consideración que esta es la única vía a través de la cual se pueden formar en los estudiantes las habilidades prácticas necesarias para el desarrollo de la profesión.

Un profesional sin práctica (experiencia) es como un futbolista sin balón o como un conductor sin vehículo.

Para la confección del modelo pedagógico se parte del modelo del profesional que queremos y debemos formar, documento en que se recogen las características que debe poseer el graduado para poder dar solución a los problemas más generales en el campo de su disciplina, ya sea a nivel técnico o profesional.

Para ello tendrá que apropiarse de la lógica de los modos de actuar y de los fundamentos teóricos de las ciencias afines a la especialidad que aportan los conocimientos y métodos a emplear.

Por: Carlos Quintero Lozano
[email protected]

Fuente: El Informador (Colombia)

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